sábado, abril 20, 2024

LA CONFIANZA

Cómo ser una figura confiable en las sociedades contemporáneas

La confianza es un concepto fundamental que sustenta todas nuestras acciones en la vida diaria. Utilizamos la confianza para establecer y mantener nuestras relaciones con familiares, amigos, socios comerciales, otros miembros de la sociedad y cualquier tecnología de la información que empleemos. En nuestras interacciones cotidianas, expresamos afirmaciones como: “Confío en mi médico”, “Tengo confianza en mi esposo”, “Prefiero los mapas de Google” o “Sé que mi hijo es competente y honesto, pero no confiaría en él para enviar una carta debido a su olvido ocasional”. Entonces, ¿qué implica realmente la confianza? ¿Cómo podemos construirla o reconstruirla? ¿Cuál es la diferencia entre confiar en una “persona” y confiar en sus “capacidades”? ¿Por qué confiamos en algunas personas y no en otras? ¿Cómo determinamos si son dignas de confianza o no? Este artículo explorará estos conceptos en diversos contextos, respaldándose en ejemplos de estudios bien establecidos.

La confianza interpersonal ha sido objeto de extensos estudios en la literatura. Una de las definiciones más reconocidas de la confianza es la “disposición de una parte a ser vulnerable a la acción de otra basándose en la expectativa de que esta realizará una acción específica fundamental para el que confía, independientemente de su capacidad de supervisar o controlar a la otra parte” [1]. La disposición a ser vulnerable es una frase clave que implica abrirse a otra persona. Mayer propuso tres elementos fundamentales como pilares de la confianza: capacidad, integridad y benevolencia. La percepción conjunta de estos factores indica la confiabilidad de una persona a los ojos de los demás. Ahora, exploraremos cada uno de estos conceptos por separado.

El término “capacidad» abarca un conjunto de destrezas, competencias, conocimientos y características que permiten a un individuo tener cierta influencia en un ámbito específico [2]. Esto implica que una persona debe poseer conocimientos o habilidades en el área relevante para el individuo que deposita la confianza. Por ejemplo, al buscar orientación en temas de salud como paciente, resulta lógico acudir a un individuo con formación específica en medicina, como un médico. No sería apropiado recurrir a alguien sin conocimientos o habilidades en medicina, como un profesor de historia. Aunque se pueda confiar en este último en el ámbito educativo, esto no garantiza su idoneidad para brindar asesoramiento en cuestiones médicas.

La “integridad” constituye el segundo pilar de la confianza y se define como “la percepción del depositante de que el depositario se adhiere a un conjunto de principios que el depositante considera aceptables” (Mayer et al., 1995, pág. 719). En otras palabras, cada individuo en la relación debe compartir la misma perspectiva sobre estos principios. También es esencial establecer de manera clara estos principios para que sean aceptables y se cumplan. Aunque pueden ser objeto de discusión explícita, lo más probable es que se asuman implícitamente y se alcance un acuerdo tácito. Como ejemplo, siendo un académico, puedo ilustrar esto en relación con compartir la propiedad intelectual. Esperaría que cualquier colega que desee utilizar o compartir algo que haya inventado, escrito o introducido en el campo académico me consultara antes de hacerlo, ya que mantengo las mismas expectativas hacia mí mismo. Además, adherirse a un conjunto específico de principios define la integridad personal [3]. Sin embargo, si el depositario no considera aceptable ese conjunto de principios, podría cuestionarse la integridad del depositante (también llamada “integridad moral”).

El último pilar de la confianza se denomina “benevolencia”. Benevolencia se define como “la medida en que se cree que un depositario quiere hacer el bien al depositante, al margen de un afán de lucro egocéntrico” (Mayer et al., 1995, p. 718). La benevolencia implica preocuparse por el bienestar del otro, sin tener intereses ocultos ni obtener beneficios personales de la relación. Por ejemplo, ofrecer consejo y orientación sin esperar recompensa es un acto de benevolencia. Otra ilustración podría ser la relación entre un mentor (depositante) y un alumno (depositario), donde el mentor busca ayudar al alumno sin esperar utilidad o recompensa extrínseca. La benevolencia se refleja en la percepción de una orientación positiva del depositante hacia el depositario.

La confianza emerge en la convergencia de estas tres dimensiones. Antes de explorar cómo podemos utilizar estas dimensiones individuales para establecer y mantener la confianza, es pertinente introducir el concepto de “confiar” frente a “ser digno de confianza”. ¿Deberíamos aspirar a generar confianza o ser dignos de confianza? Como individuos, es más efectivo cultivar la “fiabilidad” que intentar aumentar la “confianza”. En otras palabras, debemos primero desarrollar cualidades que nos hagan personas dignas de confianza, permitiendo así que los demás confíen en nosotros. Posteriormente, podemos depositar nuestra confianza en aquellos que demuestren ser dignos de confianza, evitando confiar en aquellos que no lo sean. La fiabilidad es el criterio que debemos evaluar, ya que la confianza es la respuesta a esa evaluación.

Reconstrucción de la confianza

Otro objetivo o tarea común es “reconstruir la confianza”. ¿Cómo podemos lograr esto a nivel individual, grupal o social? La respuesta también radica en el concepto de “confianza”. En primer lugar, es crucial entender que la confianza es única, ya que proviene de los demás. La mejor estrategia es proporcionarles la base y las pruebas necesarias para que depositen su confianza en nosotros, siendo juzgados como dignos de confianza. Este juicio se basa en tres aspectos: ¿Somos competentes? ¿Somos honestos? ¿Somos fiables? Si demostramos competencia en los asuntos relevantes, así como confiabilidad y honestidad, tendremos motivos sólidos para ganarnos la confianza de los demás. Por otro lado, incluso si alguien es honesto y competente, pero carece de fiabilidad en ciertas tareas, puede que no se le confíe, especialmente en esas áreas. Por lo tanto, reconstruir la confianza implica restaurar las cualidades y pilares que nos hacen volver a ser “dignos de confianza”.

Regresemos al “modelo de confianza” original de Mayer: capacidad, integridad y benevolencia. Hemos definido previamente lo que representan; ahora, la pregunta clave es: ¿cómo podemos integrarlos en una fórmula matemática de “fiabilidad”? Una posible fórmula podría ser la siguiente:

Fiabilidad = capacidad x integridad x benevolencia [4]

En esta multiplicación, si alguno de los factores es cero, el producto resultante será cero. Si la puntuación es cero en cualquiera de los pilares mencionados (capacidad, integridad o benevolencia), lamentablemente, la puntuación total de fiabilidad será cero. Por otro lado, si se obtiene una puntuación alta en cada uno de los pilares, la puntuación de fiabilidad aumentará de manera exponencial. Esta fórmula es especialmente crucial para roles críticos como los “líderes” en la sociedad.

¿Quiénes son los más dignos de confianza? Históricamente, los “Mensajeros de Dios” se encuentran entre las figuras más significativas para la humanidad. Su misión crucial era guiar y revelar la verdad a la gente de su época. A menudo, seguir a estos Mensajeros y sus enseñanzas era extremadamente peligroso para sus seguidores, quienes enfrentaban opresión e incluso tortura. ¿Cómo lograron estas personas seguir a los Mensajeros, arriesgando sus propias vidas? La respuesta radica en la fiabilidad. Estos Mensajeros eran dignos de confianza para sus seguidores, demostrando todos los pilares y pruebas de su fiabilidad. La gente confió en ellos y en sus enseñanzas, y su legado perdura incluso después de muchos siglos.

Desde otra perspectiva, asumir una misión tan monumental como la de ser Mensajero de Dios requiere cualidades excepcionales. Ser “digno de confianza” es una de esas cualidades. El capítulo 26 del Corán narra las historias de varios Mensajeros y describe sus interacciones con la gente. Estos Mensajeros, como Noé, Hud, Salih, Lot y Shu‘ayb (la paz sea con ellos), utilizaron la misma afirmación para demostrar que eran los Mensajeros a quien seguir: “No cabe duda de que soy un Mensajero para vosotros, digno de confianza” (107, 125,143, 162, 178). También enfatizaron la “benevolencia” al expresar: «No os pido recompensa alguna (por transmitiros el Mensaje); mi recompensa incumbe sólo al Señor de los mundos» (109). En otras palabras, no esperaban recompensa alguna de los seres humanos por cumplir con sus misiones.

Ali Ünal, un erudito musulmán, explica estos versículos en su traducción del Corán:

La veracidad y la comunicación del Mensaje de Dios son dos de los fundamentos de la Misión Profética, los otros son la honradez, la inteligencia, la infalibilidad, y verse libre de todo defecto corporal y mental. Estos se hallan presentes en cada Mensajero. La veracidad es la piedra angular de la Misión Profética. No fueron pronunciadas por ellos jamás mentiras o engaños algunos, de manera explícita o tácita. La segunda cualidad de la Misión Profética es amanah, una palabra árabe que significa veracidad y que se deriva de la misma raíz que mu’min (creyente). Ser un creyente implica ser una persona digna de confianza. Todos los Profetas fueron los mejores creyentes y por lo tanto modelos perfectos del carácter fidedigno. Para subrayar este principio, Dios resume las historias de cinco Profetas en esta sura empleando las mismas declaraciones: “No cabe duda de que soy un Mensajero para vosotros, digno de confianza” (107, 125, 143, 162, 178). Mu’min es también un Nombre Divino, porque Dios es el supremo Mu’min, la fuente de seguridad y fiabilidad. Depositamos nuestra confianza en Él, confiamos en Él, y nos encomendamos a Él. Él distinguió́ a los Profetas por su carácter fidedigno, y nuestra conexión a Él por medio de los Profetas se basa enteramente en su carácter fidedigno y fiabilidad. [5]

En la sociedad, todos desempeñamos roles como individuos, miembros de una familia y líderes. Sin importar el papel, aquellos que se centran en desarrollar capacidad, integridad y benevolencia son considerados dignos de confianza. Todos debemos trabajar para desarrollar nuestra capacidad para ofrecer resultados, nuestra integridad para caminar por el camino correcto y nuestra benevolencia para hacer el bien a los demás, basándonos en estos tres pilares fundamentales.

REFERENCIAS

1) Mayer, R. C., Davis, J. H., & Schoorman, F. D. (1995). An integrative model of organizational trust. Academy of management review, 20(3), 709-734.

2) Gubbins, C., & MacCurtain, S. (2008). Understanding the dynamics of collective learning: The role of trust and social capital. Advances in Developing Human Resources10(4), 578-599.

3) McFall, L. (1987). Integrity. Ethics, 98(1), 5-20.

4) Citado de https://www.koganpage.com/article/the-3-pillars-of-trust

5) Ünal, Ali. 2022. El Sagrado Corán y su interpretación comentada, NJ, Tughra Books, pág.821.

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