lunes, julio 15, 2024
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EL SUFISMO Y SUS ORÍGENES – 2

Sofi o sufi

Sofi es un término que se utiliza para designar a los seguidores del sufismo, especialmente entre los que hablan persa y turco. Otros utilizan el término sufí. Yo creo que la diferencia surge probablemente de las diferentes opiniones sobre el origen de la palabra. Los que declaran que procede de la palabra sof (lana), safa (deleite espiritual, regocijo), safwa (pureza), o sophos (palabra griega que significa sabiduría), o los que creen que implica devoción, prefieren sufí. Los que defienden que procede de suffa (cámara, alcoba) y enfatizan que no debe confundirse con sofu (fanático religioso), también utilizan sufí.

La palabra sufi o sofi ha sido definida de muchas maneras, entre ellas:

  • El viajero en el camino hacia Dios que ha purificado su «yo», adquiriendo con ello luz interior o iluminación espiritual.
  • El humilde héroe de Dios que el Todopoderoso ha elegido para Sí librándole de la influencia de su yo carnal que ordena el mal.
  • El viajero en el camino hacia la Verdad de Ahmad que viste una prenda de lana basta como muestra de humildad y privación absolutas, y que renuncia al mundo en cuanto origen de los vicios y de los deseos corporales. Al seguir el ejemplo de los Profetas y de sus seguidores, lo mismo que el de los devotos más sinceros, recibe el nombre de mutasawwif para enfatizar sus creencias y estados espirituales, su conducta y su forma de vida.
  • El viajero hacia la culminación de la auténtica humanidad que se ha liberado de la opacidad corporal y de todo tipo de suciedad humana para así realizar su naturaleza e identidad esenciales y celestiales.
  • La persona espiritual que intenta ser como la gente de la Suffa –los Compañeros pobres y estudiosos que vivían en un habitáculo contiguo a la Mezquita del Profeta– y dedica su vida a merecer tal nombre.

Algunos dicen que la palabra sufí procede de safi (puro). Aunque sus loables esfuerzos para complacer a Dios, sirviéndole constantemente y manteniendo sus corazones concentrados en Él, sean suficientes como para calificarlos de puros, esta etimología es incorrecta desde el punto de vista gramatical. Hay algunos que postulan que sufí procede de sophia o sophos, términos griegos que significan sabiduría. Mi opinión personal es que se trata de una invención de investigadores extranjeros que tratan de demostrar que el sufismo tiene un origen foráneo y, en consecuencia, no islámico.

El primer musulmán que recibió el nombre de sufí fue el gran asceta Abu Hashim al-Kufi (m. 150 después de la Hégira). Esto significa que la palabra sufí ya se utilizaba en el siglo segundo islámico, tras la generación de los Compañeros y la de sus benditos seguidores. En aquellos momentos, el sufismo se tipificaba en aquellas personas de cierto rango espiritual que intentaban seguir las huellas de nuestro Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, y las de sus Compañeros, imitando su forma de vida. Por esta razón el sufismo ha sido conocido y recordado desde siempre como la dimensión espiritual de la forma islámica de vivir.

El sufismo trata de educar a las personas para que concentren sus corazones en Dios y se inflamen de amor por Él. Centra su atención en la moralidad más elevada y en la conducta correcta, tal y como las han enseñado los Profetas. Aunque el paso del tiempo haya propiciado la aparición de pequeñas desviaciones en el sufismo, estas no deben utilizarse para condenar este camino de pureza espiritual.

Cuando describe a los sufíes que tienen una vida espiritualmente pura, el Imam al-Qushayri escribe:

El título más elevado en el islam es ser Compañero del Profeta. Este honor o bendición es tan inmenso que sólo puede ser obtenido por un auténtico Compañero del Profeta. El segundo rango en grandeza pertenece a los Tabi’un, aquellos afortunados que vinieron tras los Compañeros y llegaron a conocerlos. A éstos les siguen los Tabait-Tabi‘in, los que siguieron a los Tabi’un y llegaron a conocerlos. Tras los últimos años de esta tercera generación, –que coincidieron con conflictos internos y con desviaciones en la creencia–, y junto con los tradicionistas, los eruditos de la ley y los estudiosos de la religión que prestaron grandes servicios al islam, los sufíes jugaron un rol fundamental a la hora de revitalizar el aspecto espiritual del islam.

Los primeros sufíes eran personas santas y distinguidas que tuvieron vidas rectas, honestas, austeras, sencillas e impecables. No buscaban los placeres del cuerpo ni la satisfacción de los apetitos carnales, y seguían el ejemplo del Profeta. Su creencia y su intelecto estaban tan equilibrados que no pueden ser considerados seguidores de los antiguos filósofos, de los místicos cristianos o de los faquires hindúes. Los primeros sufíes opinaban que el sufismo era la ciencia del mundo interior del género humano, de la realidad de las cosas y de los misterios de la existencia. El sufí que estudiaba esta ciencia, estaba decidido a llegar al rango más elevado del ser perfecto o universal.

El sufismo es un largo viaje lleno de esfuerzos incesantes que conduce hacia Aquél que es Infinito, un maratón que se corre sin detenerse, con una decisión inquebrantable y sin esperar recompensas ni placeres mundanos. No tiene nada que ver con el misticismo oriental u occidental, con el yoga o la filosofía, porque el sufí es un héroe que ha decidido llegar a Aquél que es Infinito; no es un místico, ni tampoco un yogui o un filósofo.

Antes del islam, hubo algunos filósofos griegos e hindúes que siguieron diversos caminos que conducían a la purificación personal y luchaban contra sus deseos corporales y los alicientes de este mundo. Pero el sufismo difiere esencialmente de estos caminos. Por ejemplo, los sufíes viven toda su vida como si fuera una búsqueda para purificar sus almas a través de la invocación, la adoración constante, la obediencia completa a Dios, el autocontrol y la humildad; los antiguos filósofos, por el contrario, no seguían estas normas ni realizaban estas acciones. Su purificación personal –si puede llamarse así– era un medio frecuente de crear engreimiento y arrogancia en muchos de ellos, en vez de humildad y autocrítica.

Los sufíes pueden dividirse en dos categorías: los que enfatizan la necesidad del conocimiento e intentan llegar a su destino mediante el conocimiento de Dios, (ma’rifa), y los que siguen el camino del anhelo, del éxtasis espiritual y el descubrimiento espiritual.

Los que pertenecen al primer grupo pasan sus vidas viajando hacia Dios, avanzando hacia «dentro» y «desde» Él, valiéndose de las alas del conocimiento y del conocimiento de Dios. Intentan entender por completo el significado de: No hay fuerza ni poder excepto en Dios. Cada cambio, alteración, transformación y creación observadas, cada acontecimiento experimentado o atestiguado, es como un mensaje elocuente que procede del Poder y de la Voluntad Sagrados que se experimentan mediante lenguajes diferentes. Los del segundo grupo son también muy estrictos en lo que respecta a su viaje y a su ascetismo. No obstante, pueden desviarse en ocasiones del destino final y fracasar a la hora de alcanzar a Dios Todopoderoso; esto se debe a que persiguen determinadas realidades o verdades ocultas, los milagros, el deleite espiritual y el éxtasis. Y aunque el camino esté firmemente enraizado en el Corán y en la Sunna, puede llevar a que algunos iniciados tengan deseos y expectativas relacionados con el rango espiritual, con hacer prodigios y con la santidad. Esta es la razón por la que el primer camino, que conduce a la más excelsa de las santidades bajo la guía del Corán, es el más seguro.

Los sufíes dividen a la gente en tres grupos:

  • Los perfeccionados que han llegado a su destino. Este grupo se divide a su vez en dos subgrupos: los Profetas y los perfeccionados que han llegado a la Verdad Absoluta siguiendo escrupulosamente los ejemplos proféticos. No todos los perfeccionados son guías; en vez de guiar a la gente a la Verdad Absoluta, hay algunos que permanecen aniquilados o sumergidos en las olas del «océano del asombro y el encuentro con Dios». Al cortar por completo sus relaciones con el mundo visible y material, no pueden guiar a los demás.
  • Los iniciados. Este grupo también consta de dos subgrupos: los que renuncian a este mundo por completo y que, sin tener en cuenta la Otra Vida, sólo buscan a Dios Todopoderoso, y aquellos que pretenden entrar en el Paraíso sin renunciar al disfrute de los placeres permitidos de este mundo. A esa gente se les conoce como ascetas, adoradores, pobres o desvalidos.
  • Los que colonizan o se adhieren. Este grupo está formado por personas que lo único que desean es vivir en este mundo una vida fácil y cómoda. Los sufíes los llaman «colonos» o «adherentes» porque «se aferran a la tierra con pasión». Suele ser gente que no cree, que se entrega al pecado y que, en consecuencia, no puede ser perdonada. Según el Corán, son los seres desgraciados que pertenecen a la «gente de la Izquierda» o aquellos que están «ciegos» y «sordos» y que no «comprenden cosa alguna».

Algunos han hablado de estos tres grupos como los adelantados (los que se encuentran más cerca de Dios), la gente de la Derecha y la gente de la Izquierda.

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