sábado, abril 20, 2024
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RAMADÁN: LA CÚSPIDE DE ALEGRÍAS ESPIRITUALES

Ningún mes del año puede irradiar tanta alegría inquebrantable y placer eterno como el Ramadán. Al presentar el espíritu, la esencia y el verdadero significado de todas las estaciones apacibles del año, los días y las noches del Ramadán abrazan los corazones con una dicha exclusiva, encanto y amor, infundiéndoles un entusiasmo renovado por la vida.

Los días de Ramadán en todo el mundo representan la cúspide de nuestras alegrías espirituales, la hélice de la luz divina del progreso y la esfera de oportunidades para el crecimiento de todas las virtudes humanas.

Al comunicar un aura especial a los corazones, el Ramadán reúne a partes de la sociedad que han perdido el contacto entre sí, abriendo el camino para que aquellos en soledad se congreguen, eliminando los sentimientos de añoranza lejos del hogar. Es un festín de emociones e ideas en diferentes dimensiones, despertándonos una vez más a la vida.

El Ramadán, sobre todo, es el mes del Corán; incluso aquellos que se han distanciado de él a lo largo del año, aquellos que sufren una sed ardiente, se encuentran atraídos por este ambiente radiante. Estos días revitalizan los valles de las psiques casi agotadas con el espíritu, el significado y el misterio del Corán; transforman el corazón en un jardín de flores y llenan a estas personas con la alegría de existir. Así, perciben y reciben todo el cosmos por y a través del Corán, apreciando que en él se manifiesta todo el proceso de la creación, sintiéndose humildes de asombro y reverencia. A veces, respiran con lágrimas, descargando con ellas lo que guardan en su interior. Sienten que los velos se han levantado y que ahora están más cerca de Dios, envueltos en una abundancia de alegría.

El contenido divino del Corán solo puede ser aprehendido por aquellos capaces de escuchar el sonido del cosmos en su totalidad y que también sintonizan con la melodía del alma humana. Una melodía compuesta de miedo y esperanza, preocupación y alegría, dolor y júbilo, todo al mismo tiempo. Las almas atemporales que pueden percibir el Corán como si hubiera sido destinado solo para ellas experimentan el deleite de los frutos paradisíacos, los matices y la belleza, así como las caídas panorámicas de los jardines y bahías del Cielo, llenándose de entusiasmo y energía. En la filosofía de vida de estas personas, la metafísica complementa a la física; el sentido se convierte en el auténtico contenido y esencia de la materia, y todo se hace visible con su verdadero valor. En los semblantes de estas personas, se percibe un misterio imaginario, como si una intuición secreta les hubiera sido inspirada por su receptividad a la esfera infinita de los Nombres y Atributos Divinos; una madurez, una satisfacción, una pureza y una sinceridad infundidas por la piedad de los días plenamente dedicados al Corán. En ningún otro mes que el Ramadán “orientado al Corán” se diferencian las noches y los días por iluminaciones distintas. En efecto, durante el Ramadán, la originalidad del Corán resplandece en cada rostro luminoso.

En Ramadán, todas y cada una de las almas experimentan una purificación sin precedentes de todas las carencias espirituales. Este mes otorga una abundancia y prolífica bendición, permitiendo que prácticamente todos los que se cobijan bajo su sombra se beneficien de su riqueza y alcancen un sultanato espiritual.

A lo largo de todo Ramadán, las noches envuelven todo en sus misterios, tan íntimos y amables. Los días, que abrazan las emociones y pensamientos con un placer inusual, son cálidos y suaves. Los rostros llenos de fe son afectuosos e iluminados, los sonidos que convocan a uno hacia Dios son cariñosos, y, sobre todo, el significado total es tan conmovedor que aquellos que pueden abrir sus corazones a este mes de misericordia, aunque sea temporalmente, dan la bienvenida a la dicha celestial después de haberse liberado de sus preocupaciones y penas, una a una.

Un mes celestial

Durante el Ramadán, cada acción que emprendemos adquiere un misterio tan profundo que parece como si las luces celestiales se derramaran sobre nosotros. Poemas mágicos, tan afectuosos y cálidos como las nanas compuestas en el corazón mismo de nuestras madres, y tan profundos y respetuosos como la glorificación de los ángeles, se susurran mientras expresamos nuestra alabanza y gratitud a Dios. Una suavidad y calidez excepcionales envuelven nuestra conciencia a medida que comprendemos el Ramadán en su profundidad original y nos fusionamos con él en todas las dimensiones de la vida. Es como si una dulce brisa de emociones soplara aquí y allá, revelando numerosas ocasiones de amor y reencuentro.

A lo largo del Ramadán, se siente en el aire una emoción sagrada e interminable; en cada momento, desde la fascinación legendaria de las noches hasta los minutos misteriosos previos al amanecer, fluye una corriente única de emociones. El amanecer, con su aura misteriosa y confidencial, nos indica bahías específicas donde se cumplirán nuestros deseos y necesidades, susurra los caminos que debemos seguir para llegar hasta allí. Los días llegan con una brisa animada, benigna, polifónica y cálida. Las tardes asoman en el horizonte, siempre con la promesa de una espléndida fiesta; se manifiestan a través de una serie de bulliciosas ocasiones relacionadas con el tiempo, apelando tanto a nuestros cuerpos como a nuestras almas. Las veladas nos envuelven con la emoción de la cena de iftar y la oración de tarawih, insinuándonos que estamos frente a la puerta principal de un reino secreto. Hacen que nuestras almas aprecien la dicha de vivir una vida fiel, inspiran nuestros corazones con chispas de amor y pasión por el reencuentro sagrado.

De manera similar, las noches se elevan en el horizonte envueltas en un misterio de silencio; nos susurran un encuentro privado con el Amado Absoluto, nos guían hacia formas de vida trascendentales y presentan composiciones de melodías paradisíacas para aquellos capaces de escucharlas. Las noches continúan revelando cosas, independientemente de si podemos comprenderlas o no. Como círculos que se conectan entre sí, estas expresiones misteriosas a veces se convierten en oraciones tan impactantes que todos, excepto aquellos totalmente ciegos y sordos, permanecen en silencio y asombrados al escuchar estos sermones que no consisten ni en letras ni en palabras.

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