¡Pedro! Estamos llegando al final del grupo de órganos que te han estado dando información sobre su funcionamiento. Te han hablado de ese toque de Dios tan especial que hace de ellos una hermosa manifestación de la grandiosidad de Su creación. Así han ampliado tu conocimiento, dando pruebas de la verdad del poder de Dios, poniendo de relieve el hecho de que las causas biológicas, por sí solas, nunca podrán dar una razón o explicación de Su espléndida obra.
Cada uno de tus órganos te ha hablado ya de su estructura perfecta y de la forma en que funciona dentro de tu sistema. Supongamos por un momento que cada órgano es un instrumento musical. Sin importar qué tan espléndido y especial sea este instrumento, su verdadero valor sólo se aprecia al encontrarse entre los otros instrumentos de la orquesta, en el momento de interpretar un gran concierto. Tu cuerpo es como una orquesta en la que participan cientos de instrumentos. Además de la estructura perfecta de cada órgano, lo más importarte es que todos los órganos trabajen juntos en perfecta armonía, como un conjunto musical. El éxito de una orquesta depende de la armonía que se logre entre todos los instrumentos que la componen. El director de una orquesta es la persona encargada de crear dicha armonía. Los miembros de la orquesta prestan toda su atención al director y tocan sus instrumentos de acuerdo con los movimientos de sus brazos, unas veces más fuerte, otras más bajo, haciendo una pausa momentánea o alcanzando una gran intensidad. Así es como se consigue un concierto perfecto.
Para alcanzar esta armonía, los órganos de tu cuerpo necesitan de un sistema que funcione como un buen director de orquesta. Este “sistema regulador”, que debe mantener la perfecta armonía y el orden de las actividades de tu cuerpo, está compuesto de dos unidades: una es el cerebro y el sistema nervioso, y la otra soy yo, tu sistema endocrino (sistema hormonal). Debido a que funciono como un sistema que tiene muchos órganos, de ahora en adelante, cuando hable de mí, diré “nosotros”. Cada uno de nosotros se ajusta al resto del sistema, observando cuidadosamente los movimientos y funciones de los otros órganos. En tu cabeza se encuentran el cerebro y el sistema nervioso, que funcionan como un centro de control general. Sin embargo, este centro motor no es capaz de regular y controlar sus funciones por sí solo y necesita de nuestra ayuda.
El principio más elemental que tu cuerpo debe observar para conservar su salud es mantener el equilibrio, es decir, lograr un balance dinámico y responder apropiadamente a los cambios de las condiciones ambientales. Esto es lo que se conoce como homeostasis. Para que este equilibrio se mantenga estable, primero es importante ser consciente de los cambios que suceden en el mundo exterior, una tarea de la que, en principio, se encargan los órganos sensoriales. Las señales relacionadas con los cambios que se producen en el exterior son enviadas a tu cerebro y al sistema nervioso a través de los órganos sensoriales. Acto seguido, estas señales son evaluadas y después son enviadas a los órganos en cuestión para que se produzca la reacción apropiada y se pueda recuperar el equilibrio o balance interno. Mientras se llevan a cabo las actividades relacionadas con el crecimiento y la reproducción, el medio interno del organismo debe mantenerse al mismo tiempo estable (homeostasis). Para que todas estas actividades puedan realizarse continuamente, tú necesitas de las glándulas de secreción interna, que aún siendo diminutas son esenciales.
El más importante de los órganos que constituyen el sistema endocrino es la glándula pituitaria (hipófisis), que se considera como el “capitán” de todos estos órganos, y que está localizada en el cerebro. Las otras glándulas de secreción que componen mi sistema son: la tiroides, la paratiroides, la glándula suprarrenal, la epífisis, el páncreas, los testículos y los ovarios. Estos diminutos, aunque importantes órganos te van a hablar por separado y te van a mostrar el programa y el equilibrio perfectos con los cuales funcionan. Tú eres quien aprenderá las lecciones necesarias contenidas en toda esta información.
En todos los tejidos se encuentran grupos específicos de moléculas que responden a una hormona en particular. Cada hormona está programada para estimular a sus células correspondientes, que contienen esos grupos receptores de moléculas, listas para realizar su labor. Las funciones principales de mi sistema endocrino son: posibilitar el crecimiento, regular el proceso reproductivo de forma ordenada y llevar a cabo los procesos fisiológicos del cuerpo en un medio relativamente estable. Me imagino que todo tu asombro, admiración, amor y aprehensión aumentarán al escuchar lo que te van a decir las glándulas de secreción. Aquí viene la hipófisis.
¡Mi nombre es hipófisis (la glándula pituitaria)! He sido nombrada capitán de todas tus glándulas. Por esta razón, me encuentro situada en un lugar sumamente firme en la parte inferior del cerebro. Soy un órgano tan diminuto como una alubia y peso tan sólo unos cuantos gramos, pero poseo muchos talentos. Estoy dividida en dos partes. La primera es mi lóbulo frontal (adenohipófisis), que segrega la mayor cantidad de hormonas. Nuestro Creador ha dado funciones importantísimas a las hormonas de mi lóbulo frontal para dirigir las actividades de secreción de otras glándulas endocrinas. Por ejemplo, la hormona tirotropina afecta a la glándula tiroidea y estimula su secreción. El desequilibrio en mi secreción tirotrópica afecta negativamente a la función de la glándula tiroidea. Si hay demasiada secreción aparece la enfermedad del hipertiroidismo; si hay poca secreción, el hipotiroidismo. En ambos casos, se producen ciertos problemas metabólicos. La hormona adrenocorticotrópica ha sido creada para regular las actividades en la corteza adrenal. La hormona estimulante folicular cumple dos papeles muy importantes. El primero es regular la secreción de estrógeno, una de las hormonas femeninas. La segunda es mantener las actividades fisiológicas durante la maduración de las células del esperma en los varones y de las células ováricas en las mujeres, en pos de la continuidad de la especie humana. La hormona luteinizante o lutropina, junto con el estrógeno, estimula la secreción de otras hormonas sexuales (progesterona y testosterona).
Al nacer, tú medías 50 centímetros y ahora mides casi 1.80 metros. Tu altura, tus manos y tus pies han crecido. Mientras tanto, tu cabeza y tu cuerpo han aumentado proporcionalmente de tamaño. Otra secreción importante que controla tu crecimiento de acuerdo con la edad es la hormona somatotropina. Si por alguna razón mi equilibrio se deteriora y esta hormona disminuye su secreción, tú tendrás la estatura de un enano, o algunas partes de tu cuerpo serán anormalmente pequeñas con relación a las demás. Si la secreción es demasiado grande, padecerás de gigantismo debido al crecimiento anormal de tu cuerpo. Junto con la enfermedad del gigantismo aparecen otros trastornos como, por ejemplo, problemas de la presión sanguínea y el corazón, debilidad muscular y problemas relacionados con la inmunidad y el metabolismo en general.
Otras hormonas que son secretadas por mi lóbulo frontal son las hormonas prolácteas, que ayudan a desarrollar las glándulas mamarias en las mujeres embarazadas y la hormona estimulante de melanocito, que estimula las células del pigmento que da color a la piel. Sin embargo, estas dos hormonas no tienen relación con las demás glándulas hormonales.
La mólecula lipoproteínica de mi hormona estimulante de melanocito ayuda a sintetizar las sustancias de la morfina, conocidas como encefalina y endorfina. Puedes llamar a estas dos sustancias drogas endógenas naturales. Las sustancias segregadas te ayudan a soportar ciertos dolores físicos. La secreción de mis hormonas guarda relación directa con tu sistema nervioso y con tu bienestar psicológico.
Formada en la región cerebral del hipotálamo, una de las hormonas segregadas después de haber sido almacenada en mi lóbulo posterior (neurohipófisis) es la oxitocina y la otra es una hormona antidiurética llamada arginina vasopresina. La oxitocina hace trabajar a los músculos lisos. Estimula especialmente las contracciones del útero durante el parto y también estimula las secreciones de los canales lácteos haciendo que estos se contraigan. La vasopresina ayuda a encogerse a los vasos sanguíneos, hace que aumente la presión sanguínea y también disminuye la producción de orina al aumentar el trasvase de agua a la sangre a través de los riñones. Así evita la deshidratación en épocas de clima caliente y seco. Si hay deficiencia en la secreción de esta hormona aparecerá una enfermedad llamada diabetes insípida y se deteriorará el metabolismo del agua. Tengo más funciones asombrosas de las que quisiera hablarte; pero no debo ser egoísta. Creo que ahora es tiempo de que hable la tiroides.
¡Mi nombre es tiroides! Me encuentro ubicada en tu cuello, justo sobre la tráquea. Estoy compuesta de dos piezas unidas por un fino tejido. En mi interior hay muchas bolsas diminutas llamadas folículos, que están rodeadas de una densa red capilar. Siguiendo su programación natural, mis células producen tres importantes hormonas en las cavidades de estas bolsas. Dos de ellas son la tiroxina y la triyodotironina, que contienen átomos de yodo; la otra es la calcitonina. Mis hormonas cumplen un papel sumamente crítico en tu organismo. Nuestro Señor me ha encomendado a mí, a las hormonas secretadas en una diminuta porción de tu piel, la tarea de regular el uso de oxígeno en todas tus células y, con ello, el ritmo metabólico, que afecta al funcionamiento general de tu cuerpo. Además, regulo tu nivel de colesterol, disminuyendo su nivel en la sangre. Mis hormonas, que contienen yodo, son vitales para el crecimiento de los niños. En caso de deficiencia, se presentan situaciones tales como desaceleración del crecimiento, enanismo y ciertas enfermedades mentales. Si no hay suficiente yodo en la tierra o en el agua, a mí me resulta difícil producir hormonas y esto aumenta mi carga de trabajo, lo cual me hace crecer en tamaño. Esta es una enfermedad conocida como bocio. Cuando segrego demasiadas hormonas, tus ojos se hinchan, y aparece una enfermedad llamada bocio exoftálmico o síndrome de Basedow.
Mis hormonas y las hormonas liberadoras de tirotropina producidas por la hipófisis trabajan juntas, se regulan y controlan recíprocamente. Si yo disminuyo el proceso de secreción, la hipófisis inmediatamente me advierte de la situación. Si mi secreción aumenta, la hipófisis deja de avisarme y espera a que yo me calme.
¿Te das cuenta lo maravilloso que es este sistema? Los demás sistemas tienen también la misma organización y transmisión de información entre ellos y la hipófisis. La hipófisis es un órgano del tamaño de una alubia, sólo soy una pieza diminuta. Y Pedro, ¡date cuenta del gran trabajo que ambas realizamos! ¿Crees que funcionamos por mera casualidad?
Por último, déjame ofrecerte algunos datos sobre la calcitonina, una hormona que sirve para regular el nivel de calcio en el suero sanguíneo. Este no es un trabajo fácil de realizar. Esta hormona es vital para el crecimiento sano de tus huesos; sin ella, tus huesos se vacían, se debilitan y pueden quebrarse fácilmente, aparentemente sin causa o razón alguna.
¡Mi nombre es paratiroidea! Como sugiere mi nombre (para es un prefijo que significa “al lado de, en torno a”), estoy ubicada justo detrás de la tiroides y estoy formada de cuatro pequeñas partes. Cumplo funciones muy importantes además de las que ya son comúnmente conocidas. Mi función más importante es regular cuidadosamente el nivel de calcio en los huesos y en la sangre. Además, tengo la responsabilidad de controlar el metabolismo del fosfato y el magnesio. Para lograrlo, produzco una hormona llamada paratohormona. Por supuesto, desconozco la composición química de esta hormona, yo sólo cumplo mi función de producirla y funciono de acuerdo con la forma en que he sido programada. Cuando se miden los niveles de fosfato en la orina y de calcio en la sangre, se puede saber si estoy funcionando bien o no. La disminución de calcio en tu sangre provoca la estimulación de tus nervios y causa espasmos musculares o contracciones tetánicas. El buen funcionamiento de tu corazón y de tus músculos depende en gran medida de ese calcio. ¿Quién sabe qué más funciones mías descubrirán los seres humanos en el futuro?
¡Mi nombre es glándula suprarrenal! Estoy dividida en dos pequeñas mitades ubicadas encima de los riñones, a ambos lados. ¡No se te ocurra subestimarme únicamente porque soy pequeña! Te asombrará conocer las funciones tan importantes que realizo. Cada una de mis mitades tiene una estructura interna (médula) y una externa (corteza). Estas dos estructuras difieren enormemente en su composición, funciones, y en el origen de la capa embrionaria donde se forman. Pero, a pesar de estas diferencias, Dios Todopoderoso las ha situado juntas. Las dos importantes hormonas que mi estructura interna produce son la adrenalina y la noradrenalina. La secreción de adrenalina acelera la conversión de glicógeno en glucosa en tu hígado, y así aumenta el nivel de azúcar en tu sangre, dependiendo de tus necesidades energéticas. Esto aumenta la potencia y velocidad de los latidos del corazón y disminuye el diámetro de los vasos sanguíneos, haciendo que aumente la presión sanguínea. Yo participo en la dilatación de los bronquios de tus pulmones para que tú puedas tener más oxígeno. Cuando te pones nervioso, discutes con alguien, te enfrentas a un peligro o tienes un momento de tensión, yo contribuyo a los cambios de estado de ánimo con la secreción rápida y eficiente de más hormonas. De esta forma, ayudo a proteger tu cuerpo. En total, el ochenta por ciento de mi secreción es adrenalina y el veinte por ciento noradrenalina. La noradrenalina tiene un impacto menor en tu corazón y tu metabolismo.
Mi corteza o estructura exterior, donde se producen las hormonas esteroides, segrega aldosterona, cortisol y algunos andrógenos (hormona masculina). La aldosterona regula los niveles de agua y sal —especialmente el metabolismo del sodio y el potasio— de tu cuerpo. El cortisol satisface tus necesidades de glucosa si estás hambriento, convirtiendo las proteínas en aminoácidos; es también responsable de prevenir infecciones y alergias. A pesar de que los testículos, las glándulas reproductoras masculinas, son los principales órganos que producen hormonas masculinas, también yo las produzco. Mis andrógenos ayudan al desarrollo de características masculinas tales como los cambios en la voz y el crecimiento de la barba, el bigote y el vello. Cuando las mujeres envejecen, los andrógenos que yo segrego hacen que sus voces se hagan más profundas y que les crezca el vello corporal.
¡Mi nombre es epífisis (glándula pineal)! Soy una glándula diminuta ubicada en la parte superior del diencéfalo. Como es comúnmente sabido, segrego la hormona melatonina. Esta hormona ayuda a la melanina (el pigmento negro o marrón que da color a tu piel) a agregar o disolver en la piel unas células llamadas melanóforos. Así, detecta la intensidad de la luz que cambia de acuerdo con las estaciones y la duración del día; además, regula el color de la piel, aclarándolo u oscureciéndolo. Funciono, además, como tu reloj biológico, regulando tu ciclo de sueño. También se cree que controlamos los diferentes períodos de actividad o labor de tus órganos.
¡Somos los testículos! Somos las glándulas reproductoras masculinas. Dios Todopoderoso nos ha creado para la continuidad de la especie humana. Los dos tenemos forma de huevo y estamos dentro de una bolsa que pesa unos 25 gramos. Cada uno está protegido por una envoltura de piel y músculo. Esta envoltura llega hasta nuestro interior, donde se divide en doscientos a cuatrocientos lóbulos. Cada lóbulo está hecho de tubos espirales. Las células reproductoras y los espermatozoides que contienen tu programación genética se producen en esos tubos.
Cuando llegas a la pubertad, al responder al estímulo de la hipófisis, comenzamos a producir espermatozoides y, también, testosterona, un tipo de hormona andrógena (masculina). La testosterona es necesaria para tu apariencia viril; ayuda al desarrollo de las características que te distinguen de la mujer en el aspecto físico.
La división celular específica llamada meiosis es necesaria para la producción de esperma. Junto a la capa que forma las paredes de los tubos enroscados hay unas células denominadas espermatogonias. Cada una de ellas contiene 46 cromosomas (23 maternos y 23 paternos). Como resultado de la división y el cruce de estas células, se producen otras con nuevas características. De una espermatogonia se forman cuatro espermatozoides y cada uno de ellos tiene veintitrés cromosomas.
Cada espermatozoide es diferente, y está compuesto de las diferentes características que tú posees. Entre los millones de espermatozoides que se producen, ninguno es idéntico. La razón tiene que ver con el intercambio de secciones entre cromosomas homólogos que se unen —que tú tomas de tu madre y de tu padre— durante el proceso de meiosis. Por ejemplo, en un espermatozoide, los rasgos de la nariz que vienen de tu padre se pueden juntar con los rasgos de las orejas de tu madre. En otro espermatozoide, los rasgos o características de los de dos heredadas del padre se pueden juntar con los rasgos del ojo heredados de tu madre. Cuando tal cantidad de rasgos físicos se mezclan de tantas maneras posibles, podrás imaginarte el enorme potencial de diversidad que existe en los seres humanos.
Mucha gente considera obsceno hablar de esos órganos “privados” que somos nosotros. Sin embargo, como ya te habrás dado cuenta, somos un regalo de Dios para ti, y dedicados a ejercer una gran función: damos continuidad a la especie humana.
¡Mi nombre es ovario! ¡Querido Pedro! Mi funcionamiento es particularmente relevante para la mujer. Soy el órgano reproductor femenino. Por lo tanto, quizás debería comenzar diciendo algo así como “soy el ovario de Julia…”. Los testículos son el sistema reproductor masculino; los ovarios son el órgano femenino, que coopera con el sistema reproductor masculino para preservar la continuidad de la especie humana. Somos dos ovarios, localizados en la pared lateral de la pelvis de Julia, uno a la izquierda y otro a la derecha, y nuestro peso es de entre cuatro a ocho gramos. Incluso antes de que Julia naciera, ya alcanzábamos la sorprendente cantidad de ciento cincuenta y hasta quinientas células ováricas.
Durante la niñez, los folículos que contienen los huevos disminuyen continuamente y, cuando se alcanza la pubertad, sólo permanecen en cada ovario 35,000 de estos folículos. A lo largo de la etapa reproductiva de la mujer, que es usualmente de los 13 a los 50 años, sólo entre 300 y 500 de estos folículos llegan realmente a ser huevos maduros. Se llega a la pubertad cuando yo comienzo a producir las hormonas del estrógeno y la progesterona. Así como el estrógeno que produzco estimula el desarrollo de las características sexuales de la mujer, la progesterona prepara la pared del útero, haciéndolo más receptivo a la implantación de un huevo fertilizado. Si el huevo que yo produzco no es fertilizado por el espermatozoide, cada mes —aproximadamente cada 28 días—, degenerará y será desechado del cuerpo junto con la membrana del útero durante la menstruación. Entonces otro huevo madurará y esperará pacientemente la llegada de esperma.
El evento principal del cambio cromosómico en mis huevos y su disminución en número es el mismo en el desarrollo del esperma. La única diferencia es que cada espermatogonia produce cuatro espermatozoides, mientras que la célula madre (ovogonia) que produce mis huevos solo produce un folículo maduro. Los tres restantes son desechados. De no ser así, habría miles de huevos esperando a ser fertilizados. Sin embargo, debido al hecho de que el cuerpo no es capaz de almacenar y proteger tantos huevos, nuestro Creador ha establecido el mecanismo para reducir el número de estos huevos y evitar así muchas dificultades.
Debo aprovechar esta oportunidad para mencionar otros dos de mis órganos, uno de ellos es el páncreas, que ya ha hablado contigo (ver Cascada, número 06). Como sabes, el páncreas es una glándula compuesta. Recordarás que el páncreas produce las enzimas de la digestión y también produce insulina y glucagón para que se realice el metabolismo de carbohidratos. Como es un órgano muy complejo, le dimos la oportunidad de presentarse y explicar sus funciones en un número previo de la revista. Para más información, puedes consultar esa edición.
Un órgano que forma parte de tu sistema inmunológico y que también se considera parte del sistema endocrino es la glándula llamada timo, de la que quizás tengas poca información. Si los sistemas inmunológico y linfático desean hablar contigo para informarte de sus funciones, la glándula timo te dirá que está ubicada al mismo nivel de tu corazón, detrás del esternón. Y te hablará entonces de sus funciones específicas. Por el momento, sólo te voy a informar de su función más importante.
La glándula timo produce soldados llamados linfocitos T (células T) y anticuerpos especiales que combaten la intromisión de enfermedades y también atacan a las células cancerosas y antígenos. El timo es reconocido como parte del sistema endocrino porque es capaz de producir hormonas y anticuerpos. Los linfocitos y anticuerpos especiales que son producidos por otros órganos del sistema inmunológico se transforman en células T a su paso por el timo. Entonces, dotados de ciertas características, segregan hormonas específicas que, a su vez, estimulan el desarrollo y la diferenciación de los linfocitos T.
La glándula del timo, a diferencia de otros órganos, alcanza su fase más larga y activa durante los períodos embrionario y neonatal. Durante la adolescencia, el timo comienza a consumirse y disminuir su tamaño y así continúa hasta la vejez. La razón de que el timo sea más grande durante los períodos iniciales de la vida se debe al hecho de que debe generar anticuerpos constantemente para que el cuerpo pueda luchar contra los gérmenes y las enfermedades nuevas que encuentra cada día.
Quizás se haya extendido el tema un poco esta vez porque cada órgano de mi sistema endocrino se ha descrito de forma individual, y después comenzamos a hablar del caso especial de Julia, así como de los aspectos diferentes de Pedro. Todos los órganos que he mencionado hoy son pequeños; pero, como ya te habrás dado cuenta, estos diminutos órganos encierran un gran misterio y sabiduría. Además, las funciones individuales de todos estos órganos están conectadas entre sí, en especial la glándula pituitaria (hipófisis) y han sido organizadas y reguladas de tal manera que se controlan recíprocamente. ¿Puede un sistema hormonal tan magnífico y complejo funcionar con toda esta armonía por mera coincidencia?

